
Está bien que seas un tipo con códigos, que defiendas tus intereses y que no permitas que te pisoteen, pero ¿no será demasiado renunciar a jugar un mundial por un ególatra egoísta?
Sólo Riquelme y Maradona pueden saber lo que ha pasado en una relación que hace unos años era muy estrecha. Si nos vamos al año 1997, Maradona jugaba ante River, en el Monumental, su último partido con la camiseta de Boca. Bah, con cualquier camiseta. El primer tiempo de Diego fue un verdadero desastre, por lo que el Bambino Veira decidió cambiarlo al finalizar el mismo.
Salía de la cancha por un chico muy prometedor, con mucho futuro por delante, su nombre y apellido: Juan Román Riquelme. Desde aquel entonces, Román siempre expresó su admiración por “El 10”. Jamás ocultó que era su espejo como jugador y que su forma de jugar iba de la mano con todo lo que había visto del mejor jugador del mundo. Apenas 2 años antes de que Diego fuera Seleccionador Nacional, Riquelme ganaba la Libertadores y un par de elogios de su parte.

Del ’97 a hoy, mucha agua pasó abajo del puente. En conferencia de prensa, el 10 de Boca se da el lujo de decir: “No puedo trabajar con el técnico. Yo en junio voy a estar de vacaciones.” Para mí, con esta decisión, no solo pierde Maradona por lo que significa Román en la cancha, no solo perdemos los hinchas por lo que significa Román como bandera y talento superior, sino que además, pierde él mismo, y aparte, es el que más pierde.
En 10 años, andá a saber dónde esté Riquelme, pero lo que sí vamos a saber es que seguro se estará arrepintiendo de faltar a la cita mundialista. Jugar un Mundial es lo mejor que puede llegar a conseguir un jugador, su carrera gira en torno a ese momento, por más peleado que estés con alguien, te tragás el orgullo, los códigos, el enojo, la rabia, el sentimiento de injusticia, lo que sea que haya que tragarse, para defender la camiseta, el escudo, la bandera, los colores que marcan tu vida, al país.
Después, tendrás tiempo para enfadarte y dar a conocer tus razones y limar asperezas si se quiere, sino, ya fuiste un ídolo por el hecho de dar todo por el sueño que una minoría puede cumplir, ya jugaste y diste la vida por un equipo que no está conformado con nombres, que no se mancha de un día para el otro por una u otra persona, que no permite que se adueñen de él ciertos personajes que terminan del otro lado. Ese equipo es la Selección Argentina, y es de todos nosotros, los argentinos, las argentinas, los chicos, los grandes, de los de Tierra del Fuego hasta los de Entre Ríos, y esta Selección jamás perderá el prestigio por una persona que no respetó tus códigos, sino al contrario, ganará aún más por el hecho de que hayas querido guiarla hasta lo más alto del fútbol mundial. Ojalá recapacites Román, porque yo, al igual que millones de argentinos, te bancamos a muerte y sabemos que sos parte esencial de un equipo que te necesita para lograr lo que ya hicimos en el ’78 y el ’86, levantar la Copa del Mundo. No lo hagas por Maradona, hacelo por tu país que es más grande que cualquier individuo.












